Habitemos un planeta tierra en equilibrio

Somos sobrevivientes en un mundo en constante caos y destrucción, agredidos por epidemias, guerras, drogadicción, alcoholismo, prostitución, desastres naturales y mala convivencia, entre muchas otras.

El hombre moderno debe procurar definir un contrato social que le permita hacer y construir un mundo mejor en esta aldea global del siglo XXI, en el cual, el progreso y el desarrollo permitan una vida más feliz y el encuentro entre seres humanos para hacer más habitable nuestro planeta tierra.

Este planeta ha transcurrido por múltiples agresiones a través de la historia, grandes cataclismos, épocas o eras expuestas a la destrucción y el colapso, pero a la fecha, continuamos habitando esta nave viajera por la galaxia. Somos sobrevivientes en un mundo en constante caos y destrucción, agredidos por epidemias, guerras, drogadicción, alcoholismo, prostitución, desastres naturales y mala convivencia, entre muchas otras.

Sólo nos resta preparar, educar y formar a las nuevas generaciones para que no comentan los mismos errores de las generaciones anteriores, para no recaer en los conflictos que nos han dirigido a esta realidad contemporánea. La experiencia y sabiduría de la generación mayor puede ayudar a encaminar a niños y jóvenes para enfrentar de mejor manera el futuro incierto de nuestra convivencia social.

“Dar de su pan un pedazo,” puede traducirse en ofrecer al que necesita ayuda un mano amiga que mitigue su necesidad, proponer, al que lo requiera, un sabio consejo, ofrecer la múltiple gama de opciones de vida que nos ofrece la sociedad, aprender a defender la vida sobre la faz de la tierra en todas sus formas, cuidar a las especies que están en peligro de extinción, no contaminar, cuidar el agua dulce disponible, ejecutar planes de acción para mitigar la contaminación, reducir la emisiones de gases de efecto invernadero, prepararnos para los requerimientos de nuestro mundo en los próximos años y siglos de existencia.

Todos, sin excepción, debemos participar en la cruzada para defender nuestro planeta de la agresión de nuestros propios actos, es el hombre quien deteriora nuestro hábitat, quien consume los recursos naturales, quien ejecuta la guerra, quien oprime al más necesitado, quien acapara la riqueza en unas pocas manos y no la distribuye de manera equitativa entre todos.

Aventuramos un futuro conflictivo y violento, no tenemos certeza de nuestra evolución como especie humana dotada de inteligencia y sabiduría, de valores y un espíritu trascendente más allá de la muerte fría de nuestro cuerpo. Somos pasajeros terrestres en busca de un equilibrio y orden económico mundial que privilegie la defensa de los más vulnerables y necesitados.

Cada acto y acción cotidiana se proyecta en el tiempo por venir como un resultado de nuestras obras y acciones, habitamos una cadena evolutiva de la especie humana que debiera transitar hacia el progreso y desarrollo en común acuerdo, en diálogo y comunicación efectiva, en encuentro, equilibrio, armonía y paz; pues sólo el amor y el servicio al prójimo nos ilusionan para construir un mundo más habitable, una mejor sociedad y un planeta feliz donde cada quien disponga de lo necesario para vivir, disfrutar su tiempo de ocio y educarse lo más posible.

Cuando la agresión y la violencia se aplica a cualquiera de nuestros congéneres, debemos estar atentos para defender y lidiar con la injusticia, enfrentar a aquel que menosprecia a otro por la sólo condición de estar desvalido, ser huérfano o mendigo en una sociedad individualista y capitalista que propone un lugar privilegiado al poder y el manejo de la economía.

Aún estamos a tiempo de reencauzar nuestra convivencia social, a erradicar la violencia depredadora que somete a los pueblos y su gente, a mitigar el dolor del hermano en una palabra de aliento y en ser la fortaleza de quien sufre.

Debemos ofrecer atención a los valores trascedentes de la sociedad, aquellos que marcan la pauta y hoja de ruta de la vida comunitaria, el respeto, la solidaridad, el compromiso con el desvalido y apego a la justicia y la razón.

De nosotros depende, de todos y cada uno, pues los actos individuales se suman y acumulan para ofrecer soluciones generales y masivas a nuestros conflictos y dificultades.

El hombre está a tiempo de encaminarse por un buen sendero, a destacar el bien por sobre el mal y estructurar un planeta más habitable y en equilibrio, pues entonces “manos a la obra.”

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