Familia en el mundo contemporáneo

Durante el último tiempo, hemos asistido a cambios radicales en el concepto de familia y sus relaciones sociales en un mundo en constante evolución y nuevas realidades.


La internet vino a modificar nuestra apreciación de las comunicaciones, las relaciones interpersonales y el discurso, el establecer contacto casi instantáneo se transforma en una necesidad, aunque, hoy por hoy, pareciera que estamos más distantes, pues el dialogo se ejecuta mediante elementos electrónicos y descuidamos la comunicación oral. Es común escuchar a nuestros adultos mayores que en sus tiempos la vida transcurría de manera distinta, aunque esto ocurre, sistemáticamente, desde tiempos inmemoriales. “Todo tiempo pasado fue mejor”, pero podemos afirmar, el nuevo tiempo puede ser una nueva oportunidad, entonces, es recurrente poner atención ante cada transformación que nos ofrece la aldea global. Estamos ciertos que la evolución es un proceso continuo y sistemático, por tal, no podemos negarnos a la transformación y al cambio.

La sociedad contemporánea facilita un mundo digital, vivimos apresurados, pendientes de lo que publica el otro, informando de nuestro quehacer cotidiano, atentos a cada noticia, entonces la familia se disgrega, se transforma en un estamento disfuncional donde es perentorio validar conceptos como, afecto, compromiso, lealtad, dedicación y empeño, cautelar la felicidad cual motor de la sana convivencia, privilegiar el entendimiento, la cordura y la honestidad para que nuestros niños dispongan de un nido que contenga sus frustraciones y practiquen la fidelidad ante el permanente engaño a que nos somete la sociedad.

Si bien, hombres y mujeres fuimos creados distintos, somos complementarios, cada uno aporta, desde la diversidad, a la convivencia en armonía, quietud y calma; padre y madre son referentes para los hijos, ellos aprenden de nuestro ejemplo, construyen una personalidad, cuestionan y definen nuevas teorías.

Familia es compartir, conocerse unos a otros, aceptar las diferencias, respetarse, familia es un eslabón en la orgánica de nuestro mundo conocido, estar atento a escuchar la necesidad del otro, asumir acuerdos para solucionar los conflictos, reunirse en torno al compartir, permitir la opinión y fundamentalmente, potenciar el diálogo y la comunicación.

Estamos ciertos, que hoy, asistimos a una revolución crítica en la familia, que los parámetros de comparación entre unos y otros requieren múltiples funciones, que nuestro pensamiento se liga al querer ser y hacer, por tal, durante la vigilia debemos aprender a convivir adecuadamente con cada miembro de la familia. No dejar para mañana las obligaciones de hoy.

Renunciemos a la crítica ácida, a la incomunicación, al error de la ofensa, al descrédito y la disputa para proponer el amor como motivo central de la convivencia en la familia, a tratarnos con aprecio, a compartir las tareas del hogar, la familia tiene como función meridiana vivir el amor y dedicarse a la crianza y educación de los hijos. Por tal, debemos poner atención en la forma que practicamos las relaciones al interior del núcleo familiar, a resguardar la salud y bienestar de cada uno de sus miembros, a proveer un hogar que acoja y eduque a nuestros niños, pues ellos son la humanidad del tiempo por venir.

Asumimos acuerdo que la modernidad nos ha regalado medios insospechados desde hace unas cuantas décadas, que la revolución tecnológica le ha cambiado el rostro a este mundo, que hoy disponemos de un inmenso caudal de información y conocimientos, las cuales saturan el medio social, pero siempre la familia y el diálogo, la comunicación y el aprendizaje nos dirigen a desconocidos derroteros. En el presente, no podemos diagnosticar, con certeza, qué ocurrirá en el futuro, pero debemos preocuparnos hacia dónde dirigimos nuestro tránsito actual.

En este siglo XXI que avanza vertiginoso, en el cual la delincuencia, el tráfico de drogas, la corrupción, guerras y atentados, la mentira y el engaño, entre tantos otros flagelos, nos agreden debemos apuntar la mirada hacia la familia para reconstruir aquello que nos aleja del buen sendero, para privilegiar el sentido común, validar la concordia, templanza y misericordia, que la esperanza de un mundo mejor sea un abandera y estandarte para todos.

Si asignamos valor a nuestra familia, si resolvemos nuestras diferencias, si nos regalamos el tiempo para compartir, para escucharnos, para alcanzar acuerdos, asumir cada uno el rol que le compete, entonces, la sociedad alcanzará una plena comunión, el encuentro entre seres de la misma especie dotados de una función gregaria que requiere de los otros en un estamento orgánico llamada familia.

A %d blogueros les gusta esto: