¿Estamos trabajando para ello? Ni en pandemia

Al desembarcar, fue la toma de temperatura realizando filas para la RM y el resto de
regiones, por separado. Luego, fila para esperar a ser atendido para “Procedimiento COVID-19”, que de “procedimiento” tenía bastante poco.


Vuelos cancelados en España desde el inicio del Estado de Alarma… Chilenos varados en España… Y algunas historias similares en el resto del mundo se escuchan aún.


Lo que salvó mi retorno temprano a Chile, desde España, fueron los vuelos de repatriación, gestionados por la Embajada de Chile en España. Me embarqué en el cuarto vuelo confirmado desde el inicio de la emergencia, operando desde Madrid el día 8 de junio. En el tren de alta velocidad
(AVE) me movilicé a la capital española bajo el único salvoconducto existente para viajes entre Comunidades Autónomas (regiones): los vuelos de repatriación.

Un avión muy vacío y con todas las medidas sanitarias en orden. Como es de costumbre en retornos internacionales al país, se entregó el formulario de la Declaración Jurada y la solicitud de llenarlo antes del aterrizaje, para entregarlo en Aduana. Así también, el relleno del Formulario COVID-19,
para ser entregado en el procedimiento al aterrizar.

El vuelo operado por WAMOS Airlines, aterrizó a las 08:15 h (hora local) del martes 9 de junio. Lo primero, al desembarcar, fue la toma de temperatura realizando filas para la RM y el resto de
regiones, por separado. Luego, fila para esperar a ser atendido para “Procedimiento COVID-19”, que de “procedimiento” tenía bastante poco. Una organización terrible del personal. Se pedía mantener distancia en fila de 1 m. por individuo, luego pasaba otro encargado y solicitaba 2 m, luego otro con
1,5 m. Al final, todo esto para terminar a menos de 1 m. con el otro pasajero en los mesones de atención; donde las preguntas eran burdas y repetían información que ya se encontraba en el formulario correspondiente rellenado en el avión.

A los largos minutos después (esperé unos 20 minutos en fila, siendo que fui uno de los primeros en bajar del avión), llega la tripulación del avión, españoles; a quienes el personal del MINSAL los derivó a realizar fila apartados los pasajeros, con la
intención de pasarlos a mesones de atención exclusivos, sin embargo, no fue así; se “atendieron” en cualquier mesón (derivados por el personal), realizando varias veces cruce de personas.

¿Por qué se ríen tanto los extranjeros de la organización de nosotros, los chilenos? Bueno, argumentos sobran siempre.

Después de unos 10 minutos en el mesón con preguntas repetidas como “¿Conoce los
síntomas? ¿Tiene algún síntoma? ¿Tuvo contacto con infectados? Etc.”, seguía PDI con preguntas como “¿Pasó por el control del MINSAL?” No, seguramente lo salté. El peso más fuerte fue en Aduana, con dos máquinas de control operando, con dos encargados por máquina, quienes poca atención prestaban a las pantallas.

En fin, nunca pidieron la Declaración Jurada, siendo que, personalmente, había declarado que traía sustancias tanto de origen animal como vegetal (por protocolo estas deben ser, al menos, revisadas
en caso de no comercialización, para garantizar estado correcto). Al salir de Aduana, entre pasajeros nos miramos confusos debido a seguir con el formulario en nuestro poder. Y sí, he ingresado al país
sustancias y objetos que, probablemente, debían ser eliminados, y otros revisados.

Durante el trayecto de vuelta a Parral (unos 350 km), nunca me realizaron control, por parte de Carabineros o Ejército; y en la Ruta 5 Sur, solo una vez visualicé una patrulla de Carabineros, a la salida de la capital.

Mi cuarentena por retorno desde el extranjero, es de 14 días, finalizando hoy lunes 22, incluido. No imagino qué tan riguroso puede ser el control que se realiza en el país frente al virus, pero con lo vivido en el aeropuerto, me da para pensar que sorpresas buenas no me voy a encontrar.

Es increíble como la inoperancia del Gobierno es capaz de llegar hasta el mismo lugar donde se filtró el primer contagiado del país: el aeropuerto. Siguen con un control deficiente, el personal no tiene
medidas claras, las indicaciones son ambiguas, las señaléticas muy básicas e insuficientes, la información opaca; en fin, la organización pésima; y excluyendo el hecho de poco control en el ingreso de sustancias u objetos indebidos (que debiese ser siempre), es increíble como en épocas
tan modernas y con una pandemia global, no se puedan hacer las cosas bien.

Es una cuestión determinada en gran medida por el factor –dinero-, pero se puede y vuelvo a insistir:
LO MEJOR QUE PUEDE HACER UN CHILENO, ES IRSE DE CHILE.


Por:
Alfredo Romero Morales
Parral, Chile.

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