Encantarse y vivir en sociedad

Cuál es el sentido de la vida, el para qué de la existencia, en definitiva qué tenemos que hacer en el continuo cotidiano del día a día.


¿Cómo encantar nuestra vida para validar la existencia sobre la faz de la tierra? Es común plantearse esta interrogante: Cuál es el sentido de la vida, el para qué de la existencia, en definitiva qué tenemos que hacer en el continuo cotidiano del día a día. En ocasiones, cuestionamos la existencia, pues desconocemos el futuro inmediato de nuestro hacer, vamos resolviendo los problemas que se nos presentan, proponemos una agenda del día a día, nos saturamos de tareas, sentimos que nos falta tiempo, planificamos sin mesura y respondemos a las necesidades que nos propone la convivencia humana, pero extraviamos el sentido profundo de la vida que nos aguarda hasta el minuto final de la existencia. Somos parte de una comunidad con otros, aquellos que rodean nuestro cotidiano deambular sobre esta nave viajera por el universo inconmensurable.

A mi modesto entender, creo válido poner atención sobre cada acto concreto que nos corresponde enfrentar, dar valor a los acontecimientos minúsculos que se dan cita en el diario vivir, ver desprenderse las hojas de los árboles en otoño y admirar la floración en primavera, seleccionar la música docta que dibuja el viento cálido o la frescura del aroma que desprende la tierra cuando se moja con las primeras lluvias, somos una porción de paraíso en la tierra, una especie que habita la tierra para dominar y construir un mundo mejor para todos, somos pieza de un gran juego de ajedrez entre las fuerzas cósmicas que guían el tránsito celeste de todas las cosas; quizás un experimento en constante evolución, una esperanza de vida para el planeta que nos cobija, un sendero luminoso que busca la trascendencia más allá de la tierra madre y señora.

Podemos advertir nuestro destino incierto, en duda y cuestionamiento constante, validados entre la dualidad de todas las cosas, entre pares en un eje bipolar que organiza lo absoluto, ciertos de un Dios Superior creador de todas las cosas, quien nos aguarda en otra dimensión más allá de las estrellas.

En ocasiones, no sabemos cómo resolver algunos conflictos y problemas, a veces, nos agotamos tras tanto tratar de alcanzar solución ante diversas problemáticas que nos afectan, se nubla el horizonte ante la realidad evidente, creemos asistir a un sinfín de dificultades que no tienen solución, entonces debemos hacernos de valor, cargar cada cruz a cuestas y observar el horizonte plagado de nuevos desafíos. Hoy por hoy, vale la pena vivir. Cada obstáculo, cada desafío fortalece nuestro temple, va amasando una auténtica personalidad y construyendo.

Quizás, agendar aquellos pequeños detalles que ocurren en el diario vivir puede permitirnos rodearnos de templanza y armonía; quizás, mirar con los ojos del poeta quien encuentra realidad más allá del horizonte concreto que le corresponde vivir; quizás, acunar en el afecto a todos quienes nos rodean. Mañana es un buen día para comenzar a vivir.

Quizás en la mente de un niño pequeño se atesoran valores como el aprecio y cariño, en las primeras palabras podemos validar el encuentro con otros, que somos parte de una estructura interrelacionada y en permanente interacción, que el diálogo forma parte de una virtud exclusiva de ser humano y por tal, se debe establecer contacto permanente con aquellos quienes nos rodean.

Entonces, debemos encantarnos con la vida, asumir su sentido y valor, agradecer al alto cielo esta posibilidad de existencia para forjar un sendero, que si bien manifiesta obstáculos y dificultades, tenemos la capacidad de adaptarnos y surgir entre la maraña de problemas que nos agobian. Mañana es un buen día para ser feliz.

Logremos encanto con la vida, demos sentido a nuestros actos, superemos las barreras que nos impiden aceptar la realidad tal y cual como sucede; los problemas son motivo de solución y aseguran el crecimiento personal.

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