El valor de Jesús reflejado en San Alberto Hurtado

Solidaridad como sinónimo de compartir y no de repartir, de desprendimiento anónimo y no de generosidad publicitada, de sacrificio silencioso y no de acciones de colaboración que busquen primeras páginas o cámaras de televisión.


Agosto es el mes de la Solidaridad. Así lo concebimos en forma natural, ya que durante este mes se conmemora un año más de la muerte de San Alberto Hurtado, fundador del Hogar de Cristo, una obra solidaria ejemplar que se ha enraizado en nuestra sociedad como un símbolo de caridad humana. Caridad como sinónimo de amor, no de limosna. Ese es el sentido del legado de San Alberto Hurtado, solidaridad como sinónimo de compartir y no de repartir, de desprendimiento anónimo y no de generosidad publicitada, de sacrificio silencioso y no de acciones de colaboración que busquen primeras páginas o cámaras de televisión.

El Hogar de Cristo representa una reserva moral, una organización fuerte y eficiente, que basa su generosidad en la acción de su fundador, quien se inspiró en la palabra y en la acción de Cristo Jesús. El Hogar de Cristo es quizás la Institución que encarne con más vigor el trabajo que la Iglesia Católica realiza a través del mundo: “dar hasta que duela”, “ver en los pobres el rostro de Cristo” y otras frases que han calado profundo en la sociedad chilena, plenamente identificada con los valores del cristianismo.
Hacer vida la palabra de Jesús, no es otra cosa que traducir en acciones concretas

esas buenas intenciones que cada ser humano lleva en su corazón, pero que muchas veces no se materializan por diversos motivos. El Hogar de Cristo es una Institución que representa una acción concreta del legado de Cristo Jesús y de San Alberto Hurtado.

El segundo Santo chileno fue un verdadero apóstol que hizo de su fe un motivo de vida para aliviar el sufrimiento ajeno. Un verdadero testimonio viviente de caridad cristiana, entendida ésta como virtud teologal. San Alberto Hurtado se caracterizó por ser alegre, optimista y solidario. Optimismo para sonreír, a pesar de las dificultades; solidario para ayudar a todas las personas, en especial a los pobres, el “rostro de Cristo”. Ese es el gran valor de este Santo, el valor que tanto se necesita.

Axiológicamente, un valor es una cualidad que posee un objeto o depositario. Así, hablamos de la belleza de una flor o la utilidad de una herramienta. Para los objetos, también existe el valor económico. En el caso de los seres humanos, los valores tienen un componente ético y moral: por ejemplo, la bondad, la libertad, la fraternidad.

Lamentablemente, en muchos casos, a las personas se les valora por los bienes materiales que tienen (o no tienen). Craso error: el ser humano vale por su forma de ser, sentir, pensar y actuar. Se valora y respeta la vida y las personas, la bondad, la solidaridad, los buenos sentimientos, la capacidad de amar al prójimo.

¿Y cuál es el valor de Jesús? Ni más ni menos que ser el Hijo de Dios, aquel que murió por la Redención de la Humanidad. Jesús vale por su capacidad de interceder por todas nuestras faltas. Jesús no tiene valor material, ni menos económico, aún en la panacea del “modelo económico exitoso”. Muchos esperarían que Jesús también tuviera precio, como queda demostrado en tantas situaciones que se relacionan con la fe religiosa, como Navidad (compra de regalos), Pascua de Resurrección (venta de huevitos de Pascua), en las cuales se resalta exageradamente la parte comercial con marketing y publicidad a todo bombo. ¿Qué diría Jesús de esto? Jesús es la promesa de la llegada del niño Redentor, de la visita de Jesús-niño- pobre con su mensaje de alegría y esperanza. Y San Alberto Hurtado fue acción evangelizadora y austeridad de vida.

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