El ser humano ante los conflictos y dificultades



El Ser humano debe manifestar coraje para enfrentar la vida y sus quehaceres, para resolver los conflictos y para asumir la realidad que le corresponde vivir. Hoy por hoy, es difícil asumir nuestra existencia en este planeta, las dificultades y problemas se nos aparecen por doquier, cada nuevo amanecer es una lucha constante por enfrentar el presente cargado de conflictos producto de nuestra vida en sociedad, aquella que debiera ser común unión entre congéneres de la misma especie, pero el mal, la odiosidad, la furia y el odio nos hacen presa, agredimos sin compasión al otro, aquel minusválido, desprotegido, vagabundo, miserable y no ponemos atención en su realidad cotidiana, en sus penurias y en sus necesidades más urgentes.

A ratos, debemos lidiar con la delincuencia, el alcoholismo, la drogadicción, prostitución, pornografía, el robo y la mentira; todos ellos males que se engendran en el seno de la comunidad donde habitamos y en parte, somos responsables de su coexistencia por guardar silencio, por ignorar su manifestación y por no denunciar.

Queremos un mundo mejor, formar mejores personas, aliviar el dolor y la miseria de quien sufre, denunciar el atropello, criticar la usura, distribuir de manera más justa los ingresos económicos, ser solidario y caritativo, escuchar al otro, atender sus carencias, estar dispuesto a dar, de nuestro pan, un pedazo, sin esperar recompensa.

Después de atropellar la vida con el ímpetu de la juventud, viene la calma que ofrece la madurez, la experiencia de los años de vida, la sabiduría del maestro, el buen consejo del adulto mayor, pues él resguarda y protege la memoria colectiva, es la historia narrada en el discurso oral, aquel que se pierde en el camino del tiempo, sin resguardo, a la gira, desecho al borde del camino.

Debemos cultivar el don de la palabra, la reflexión y meditar, vernos a nosotros mismo, pasajeros en un planeta prestado, hijos del altísimo con misión y obra definida en el portal del cielo, a pasos de la divinidad que se nos ofrece en una nueva vida después de la muerte, herederos de la tierra para transformarla y poblarla, no para destruirla ni agredirla sin compasión.

Asignemos el derecho, de todo ser humano, a llevar una vida más feliz, a disfrutar de las maravillas que se asientan en el medio ambiente donde habitamos, respirar un aire limpio, una tierra fértil y una sana convivencia con el medio.

Como generación poseemos las herramientas para resolver conflictos, dificultades y problemas, aunque falten los medios económicos, aunque los instrumentos se hagan escasos, aunque parezca una utopía y quimera, es posible buscar respuestas, resolver conflictos y mirar la vida con ojos positivos y proactivos ante el constante ir y venir de nuestra sociedad convulsionada y errática, a veces.

El ser humano debiera transitar el sendero del bien, la moral y las buenas costumbres, aunque para ello debe sacrificar su interés personal en razón del bien superior, somos seres comunitarios, que interactuamos con otros para sobrevivir en este medio, defender la verdad y la cordura ante cualquier agresión que se realice contra el hermano, ser resolutivo y corajudo para actuar siempre de acuerdo a las normas y reglas de la sociedad moderna, en mutuo acuerdo, validando la libertad personal, pero también el contrato social de convivencia armónica.

Somos una especie depredadora por excelencia, hemos contaminado nuestro hábitat, ensuciado el agua dulce, malgastado este bien tan preciado, hemos extinguido especies y modificado el contrato social entre personas, pero aún, conservamos la esperanza, de cada uno de nosotros depende.

Creo, que es necesario proponernos un plan de resolución de conflictos, aprender modelos válidos de resolución de problemas, interactuar, entre pares, con paciencia, defender el valor de la vida ante cualquier otra necesidad imperiosa, asumir la libertad individual como un matiz de la libertad colectiva, operar bajo el amparo del bien común, la democracia y el respeto por los valores transversales superiores.

Hoy es el día, este presente nos reclama, debemos asumir, responsablemente, cada acción, cotidiana, como una tarea imperiosa, necesaria y urgente para construir un mundo mejor y una mejor sociedad, mañana puede ser tarde.

El ser humano busca, incansablemente, un horizonte bienaventurado de esperanza, éxito, felicidad, paz y armonía. Ojalá, el tiempo moderno de lugar a la paciencia original, a la mesura y el equilibrio. Ojalá, no desfallezcamos en nuestro empeño, pues las nuevas generaciones nos lo agradecerán.

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