El Maestro: Enseñar con el ejemplo

Aquí, en el sur más extremo del mundo, el título de maestro se ha diversificado en diferentes obras y acciones, es maestro el carpintero, es maestro el albañil, maestro el zapatero y tantos otros oficios, pero la maestría requiere sapiencia y sabiduría, que en algunas ocasiones, no alcanza tal estándar, ni título adscrito, por lo cual, pecaríamos de imprudencia al validar a cualquiera como maestro.


Desde tiempos inmemoriales, el ser humano aprende gracias a la imitación, la práctica de ejercicios repetitivos que los mayores enseñan a los menores, una suerte de ejemplo que uno ofrece al otro para que vaya adquiriendo experticia en múltiples ámbitos del quehacer y el conocimiento. Pues entonces, un aprendiz recibe formación de un maestro.

A propósito del maestro, hoy por hoy, en nuestra cultura general, aquí, en el sur más extremo del mundo, el título de maestro se ha diversificado en diferentes obras y acciones, es maestro el carpintero, es maestro el albañil, maestro el zapatero y tantos otros oficios, pero la maestría requiere sapiencia y sabiduría, que en algunas ocasiones, no alcanza tal estándar, ni título adscrito, por lo cual, pecaríamos de imprudencia al validar a cualquiera como maestro.

Entonces, maestro es aquel que enseña un arte o una ciencia, sinónimo de profesor, catedrático o preceptor y por extensión, se ha dirigido a oficios para quienes demuestran maestría en su labor.

En la familia, los primeros maestros son los padres, aunque es sabido que ser padre no tiene un afirmación profesional, nos encontramos en esta tarea y debemos ejecutarla de la mejor manera posible, en muchos casos bajo la premisa de error o fracaso para corregir o enmendar cualquier error o equivocaciones de la cual podemos ser parte.

En términos generales, debemos educar a nuestro hijos en el ejemplo, pues ellos imitarán nuestro hacer y desarrollarán un modelo de pensamiento y acción según lo aprendido de sus padres.

En el tiempo moderno, sabemos que cada día es más complejo la enseñanza al interior del núcleo familiar, que no siempre el respeto y el diálogo es la mejor herramienta de resolución de conflictos, que niños y adolescentes, reclaman por mayor libertad e independencia, lo cual es propio del proceso de crecimiento y desarrollo de una personalidad, pero el padre o la madre, deben, en muchos casos, corregir y bien encaminar a los pequeños aprendices.

Por otra parte, la escuela es el centro de educación primordial en la formación de niños y jóvenes, por lo cual, el maestro o profesor debe planificar estrategias de enseñanza adecuadas, modernas y atingente a la realidad que corresponde vivir en cada época de convivencia humana cuando el pupilo asiste a este centro escolar para proponer experiencias de aprendizaje que posibiliten un aprendizaje permanente, sistemático y de acuerdo a cada nivel de escolaridad.

A la fecha, se otorga, a la escuela, la responsabilidad meridiana en la educación de niños y jóvenes, mermando a la familia su tarea educativa y en ocasiones, limitando su valor trascendente al momento de enseñar. Ambas entidades son eslabones precisos y preciosos para alcanzar una docta enseñanza; por lo cual, la maestría de padres y profesores debe ser una vocación ejecutada con rigor, pero fundada en el afecto.

Así mismo, el maestro, requiere una habilidad específica en su quehacer educativo y una herramientas primordial es enseñar con el ejemplo. Si el niño o adolescente experimenta la acción que se le intenta transmitir, es muy probable que la haga propia, la resguarde y proteja en su memoria y la pueda aplicar en actos concretos de su vida comunitaria.

Hoy por hoy, es preciso aumentar, consistentemente, el caudal cultural de las nuevas generaciones, más aún, cuando el conocimiento se diversifica exponencialmente y debemos calificarnos en ciencias o artes de múltiple especificidad.

Maestros en acción, padres y profesores que asumen la obligación de educar a la nueva generación, tarea dificultosa y a veces titánica, sobre todo, cuando no disponemos de la habilidad y destreza pertinente, pero podemos dedicar empeño y sapiencia para alcanzar meta tan elevada De seguro, no existen recetas mágicas para enseñar, pero el ejemplo, es una de ellas; si en el hogar se convive de acuerdo a la violencia y la ira, el pupilo validará estas acciones como la manera de resolver conflictos en la vida adulta, si mentimos, engañamos o falseamos la verdad, el aprendiz validará esta práctica como un modelo acertado, si padres y profesores practican la deshonestidad, falta de respeto, ofensa o calumnia, el niño o adolescente justificará su propio actuar. Entonces, el ejemplo es un herramienta educativa primordial para alcanzar logros estratégicos en la pedagogía de la familia y la escuela.

Todo maestro debe enseñar con el ejemplo, en la práctica cotidiana de diferentes y múltiples ejercicios, que día tras día, van conformando una personalidad sólida, asertiva y dinámica para dedicar, en la vida adulta, nuestra propia tarea de ser maestros de quienes siguen nuestros pasos. Esta es una cadena en la que cada eslabón requiere un atención particular, vamos paso a paso enseñando al pupilo, en la seguridad, de cumplir a cabalidad nuestros propósitos, de tal modo, la maestría asegura el aprendizaje y el buen ejemplo es una manera apropiada para alcanzar tal meta y objetivo.

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