El individualismo en la sociedad contemporánea

Individualismo y materialismo van de la mano en la existencia de aquel quien desea todo para sí en una carrera sin fin.


En ocasiones, las personas se irritan, se molestan y no permiten desarrollar el diálogo, Es, muy probable, desear alejarse de aquellos quienes hacen ruido en el calor de no encontrarse, de marcar distancia, de vivenciar el individualismo, de amarse sólo así mismo, de pedir para uno sin preocupación del semejante que habita a nuestro lado.

El individualismo reúne aquel solitario que no espera una buena comunicación,     que no se permite interactuar con otros y más aún, aquel que espera sólo su beneficio personal.

La sociedad moderna vive inmersa en el materialismo, en el tener y el poder, por lo tanto la convivencia con otros se caracteriza por la proposición de alcanzar metas y propósitos sin importar que mis intereses perjudiquen a las otras personas; por lo cual, individualismo y materialismo van de la mano en la existencia de aquel quien desea todo para sí en una carrera sin fin.

El dinero y la riqueza dañan el sentido profundo de la solidaridad y caridad con el otro; mientras más posee más quiere tener. Entonces nos olvidamos del mendigo de la calle, de los niños huérfanos y abandonados

A menudo escabullimos la mirada, vamos, con prisa, tratando de resolver conflictos y problemas que vemos en los otros, sin reconocer que las dificultades habitan en nosotros mismos. Cómo no enternecernos con el brillo de los ojos de un recién nacido, cómo no admirar el sigilo de la madre para hacer dormir a su criatura, cómo no admirar el cielo limpio de un anoche de primavera acá en el sur de todas partes; quizás el dinero sea escaso, quizás la vida nos enfrenta a dificultades mayúsculas, quizás creemos no tener tiempo, quizás la muerte ronda a nuestro lado, pero siempre habrán nuevas oportunidades, al final del sendero alguien nos aguarda y junto a él podremos viajar hacia universos distantes sin ninguna necesidad, pues todo estará cubierto.

Cuando se nos aparece la muerte, no cargamos nuestras posesiones, sólo irán con nosotros aquellas buenas obras que hiciéramos en vida, y también aquellos pecados y faltas que realizamos con la consciencia certera del error o la equivocación. Para qué vivir atado al dinero y las posesiones, para qué creernos en centro del universo, si somos apenas una partícula viajando por la inmensidad.

El individuo, el ser único y exclusivo que habita en nosotros, aquel quien asume la trascendencia en una nueva dimensión y espacio perfecto que nos ofreció Cristo Jesús, no puede habitar esta tierra en soledad, pues somos seres gregarios que convivimos en sociedad, en una comunidad imperfecta, pero que puede alcanzar la redención en la relación con el semejante, aquel prójimo que va a nuestro lado.

Oye individuo, a ti te llamo, apelo a tu cordura, apelo a la necesidad de una vida comunitaria de encuentro, paz y armonía. Debes acunar los buenos recuerdos, disfrutar del diálogo y la comunicación con el otro. Abandona el sí mismo para transformarse en el nosotros, para admirar el mundo circundante, para estar en contacto cercano con el medio ambiente social y natural, para formar familia, para perdonar y perdonarse.   

La soledad puede ser una consejera equívoca, el sí mismo una trampa y el individualismo un mal soterrado que daña y distorsiona el conocimiento personal.

Poco a poco, tranco a tranco y paso a paso, debemos transitar por esta existencia, cada quien a su propio ritmo, de acuerdo al reloj del tiempo que marca la existencia personal de cada uno, pero siempre en relación con el semejante, pues somos seres comunitarios en una sociedad compleja y en permanente cambio y transformación.

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