El hombre: Residente en tránsito sublime

El día anterior no nos pertenece, pero la memoria, como estructura que nos permite ubicuidad y pertenencia, nos regala la oportunidad de almacenar recuerdos gratos, amigables y felices, como así también, aquellos ingratos, tristes y frustrantes, momentos propios de la existencia humana sobre la faz de la tierra


Mirar el mundo conocido con los ojos del corazón, encontrar detalles particulares, que en ocasiones, se encuentran ocultos ante el paso fortuito de nuestra vida por lugares de distinto paisaje por doquier. A veces, no ponemos atención en lo que ocurre a nuestro alrededor, focalizamos nuestra mirada en aquello que forma parte de nuestra labor cotidiana asignando poco valor al detalle minúsculo, a la ocasión especial, al encuentro fortuito.

Hoy, día de sol radiante, all finalizar el verano, los colores del paisaje nos invitan a detener nuestra mirada, agradecer las maravillas de la naturaleza; que de seguro, cuando el otoño anuncie su llegada, será el recuerdo de una hermosa época, aquella que se añora durante el invierno. Por tal, sabemos que todo cambia, segundo a segundo, en nuestro mundo real y concreto, cambian las personas, cambia la naturaleza y cambia la aldea global donde habitamos.

Entonces, poner atención en el medio ambiente de este alrededor donde habitamos, creo es una sana tarea y un compromiso vital, casi una obligación. El día anterior no nos pertenece, pero la memoria, como estructura que nos permite ubicuidad y pertenencia, nos regala la oportunidad de almacenar recuerdos gratos, amigables y felices, como así también, aquellos ingratos, tristes y frustrantes, momentos propios de la existencia humana sobre la faz de la tierra.

Les invito a escuchar el canto del agua cuando desciende por el estero, el gorjear de las aves, el viento sur que remueve las hojas de los árboles, un feliz cumpleaños que cantan en una casa vecina, el rumor de la tarde al caer el sol, la prisa de un lunes por la mañana para comenzar la semana, el llanto del hijo cuando la madre viaja al país de los muertos, el aroma particular del asado, la fiesta del pastel de choclos, la cazuela y las empanadas, la arena tibia de la playa frente a nuestro océano intranquilo, la calidez de un recién nacido y la vitalidad de un joven aprendiz.

Vamos atentos por la vida, el gran regalo de los sentidos nos permite interactuar con el universo, mirar, escuchar y hablar, palpar, degustar y oler, nos pone en contacto, establecemos redes, nos comunicamos, aprendemos a cada instante, elegimos al tomar cada decisión, establecemos vínculos, dirigimos nuestro andar, atribuimos valor al tiempo, proponemos ideas, teorías, asumimos compromiso, decidimos el futuro de acuerdo a las variables que conocemos en el presente continuo.

Quizás, nos alerta todo aquellos que ocurre en nuestro mundo, la guerra, desastres naturales, mala distribución de la riqueza, el hambre y la necesidad, el terrorismo, la delincuencia, el tráfico de drogas, la incomunicación, el individualismo, la competencia y el descrédito hacia los semejantes; quizás, no visualizamos el desastre y el conflicto en apego a nuestra comodidad, es dable mirar por la ventana, atender a la convivencia en comunidad, el diálogo con el semejante, a privilegiar los valores trascendentes, fortalecer vínculos, alejar la crítica destructiva, el desprecio hacia los más necesitados y vulnerables de la sociedad contemporánea, aquellos incontables que habitan las grandes ciudades donde pasan a ser un número más en la estadística de la pobreza.

Estimado lector, todos podemos asumir roles positivos en la sociedad contemporánea, dejar huella del andar sobre esta tierra, sembrar en tierra fértil, escuchar la palabra que abre fronteras, promover el diálogo asertivo, atender a la existencia como un regalo y obsequio brindado por el alto cielo para conocer el hábitat que nos permite realización concreta y real.

Miremos con los ojos del alma, abramos los sentidos en todas las dimensiones posibles, aprendamos de la experiencia de los otros, respetemos a la generación de adultos mayores, precioso tesoro y vital recuerdo de un planeta que evoluciona sin descanso, que invita al desarrollo y crecimiento sustentable; quizás el día de mañana sea tarde, quizás la muerte nos encuentre de improviso y debamos abandonar proyectos y sueños, muchos de ellos inconclusos y en proceso, a medio camino de todas partes.

Tenemos razones para admirar el progreso humano, para escuchar a la ciencia moderna que revoluciona este planeta y más aún, a un futuro incierto que depende de todos en comunión y acuerdo delicado; la belleza está en todas partes, la cultura nos asombra, el arte nos liga con la trascendencia, la admiración es un valor, pues, en los actos sencillo y cotidianos, afirmamos el goce ante la creación de este mundo y la maravilla deslumbrante de la humanidad coexistiendo en este paraíso dado en gracia y el universo inconmensurable que nos acoge en paz y concordia sacrosanta.

La humanidad transita en un planeta deslumbrante que emociona, residente en tránsito sublime hacia un paraíso magnífico y perfecto.

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