El grito de las oprimidas

Es abismante tener que presenciar casi a diario las noticias que hablan de mujeres que son víctimas de femicidio a manos de sus parejas, en episodios sangrientos y llenos de violencia brutal.


Cuando hablamos de maltrato hacia la mujer no solo nos referimos a la violencia física; la agresión va mucho más allá de los golpes o de un abuso sexual, el maltrato femenino involucra los gritos, los insultos, las peleas, los abusos de poder en el trabajo y el acoso; cualquiera de estas formas de mal trato son altanamente perjudiciales para quien las padece, ya que suponen el menoscabo de su autoestima, lo que acarrea entre otras consecuencias la depresión, el creer que se es culpable de todo y por ello es merecido el castigo.

Una mujer maltratada tratará de ocultar su padecimiento, y en caso de ser evidente, lo justificará con cualquier excusa; en el caso de las mujeres golpeadas siempre lo atribuirán a un accidente, una caída etc.; En casos extremos existen victimas que llegan al punto de justificar e incluso defender a sus agresores, rechazando cualquier tipo de ayuda por parte de sus cercanos, en casos, inclusive, disgustándose y aislándose de su familia y amigos.

¿Cuál es el perfil del agresor?, Por lo general el victimario es el tipo de hombre machista que ve al género femenino como inferior o como una cosa más que como una persona, creyéndose el dueño de ella, obligándola a hacer su voluntad y jactándose de su superioridad en fuerza y en carácter.

Es abismante tener que presenciar casi a diario las noticias que hablan de mujeres que son víctimas de femicidio a manos de sus parejas, en episodios sangrientos y llenos de violencia brutal. Cuantas veces no hemos sido testigos de historias en las que niños inocentes han tenido que ver horrorizados como sus
propios padres los han dejado huérfanos.

¡VASTA YA! Esto ya no puede seguir pasando y nosotros somos los responsables de entregarle a nuestros/as niños/as y jóvenes; un mundo sano, en donde reine la paz, la armonía y el amor, un mundo en donde la familia recupere su sitio como base de la sociedad, entregando valores, principios y buenas costumbres. Solo de este modo formaremos personas de bien, humanas y solidarias, que sean capaces de conmoverse ante el dolor del prójimo.

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