El futuro se nos hacer incierto

Cuando niños queremos y anhelamos ser adultos y cuando tales, volver a ser niños; mientras más nos acercamos a la muerte el tiempo parece transcurrir más rápido, recordamos con añoranza la vida juvenil…

“Hombre precavido vale por dos” reza el refrán, prever el futuro ha sido una preocupación del ser humano desde los albores de la existencia, algo prohibido para nuestro dominio del conocimiento. Podemos proponer hipótesis, realizar predicciones, intentar doblegar la incertidumbre del tiempo por venir, pero, en definitiva, no podemos augurar, con certeza, los acontecimientos del futuro.

Cuánto ha cambiado nuestra sociedad en el último siglo, nadie pudo presagiar, atinadamente, la evolución social, material, cultural, política, religiosa o de la técnica y el conocimiento, pero si miramos en perspectiva, quizás encontremos los cimientos de lo que somos hoy por hoy; un mundo interconectado, cargado de señales en microondas, auscultado por satélites, regido por GPS, controlado a través de drones, numerados en estadísticas, dependientes de un trabajo remunerado que permite la supervivencia y la adquisición de bienes materiales, miembros de una familia como núcleo central de la sociedad, seres en camino hacia la muerte.

En nuestro mundo existen sociedades organizadas como las abejas y las hormigas, quienes almacenan su alimento para la época de invierno cuando la comida escasea, podemos tomar modelo de su práctica y construir una despensa que acoja nuestros víveres para el tiempo de necesidad, las abejas y las hormigas nos dan ejemplo de trabajo en comunidad y todos comprometidos con un bien superior.

Cuando niños queremos y anhelamos ser adultos y cuando tales, volver a ser niños; mientras más nos acercamos a la muerte el tiempo parece transcurrir más rápido, recordamos con añoranza la vida juvenil, aquellos hermosos 15 años que jamás volverán, la despreocupación ante cualquier responsabilidad, la vida saludable, la rebeldía y la construcción de una auténtica personalidad; pero por más que lo deseemos, no podemos dar crédito a un futuro incierto, sólo esperar el normal transcurso de la existencia atentos al porvenir.

En ocasiones, planeamos un curso de acción, un plan de vida, proyectos y programas, decidimos nuestro actuar en determinados ámbitos del quehacer de la convivencia social, pero, de pronto, un accidente cambia cualquier plan y proyecto, nos sitúa ante la cruda realidad. Entonces, es viable estar atentos a lo incierto del futuro, ya que todo puede cambiar de un momento a otro.

En parral y Retiro de principios del siglo XX nuestro mundo giraba como satélites de pequeños villorrios donde el gran fundo era el referente obligado del trabajo, la producción agrícola y ganadera que movía la economía local, los caminos en invierno eran casi intransitables, el mundo rural dependía de su producción y el desarrollo y crecimiento económico estaba determinado por el éxito de la siembra, por la fertilidad de la tierra, el agua y el cuidado del tesoro preciado germinado por el sol.

Pero, nuestra ruralidad no es razón para mirar, negativamente, el tiempo por venir, por el contrario, podemos y debemos trabajar para alcanzar el desarrollo, permitir que los bienes de consumo estén al alcance de todos y cada uno de nuestros ciudadanos, recibir las señales de comunicación que se extienden por todo el territorio, disponer de medios tecnológicos para optimizar el rendimiento del trabajo campesino, educar a niños y jóvenes, planificar el futuro de acuerdo a proyectos y programas que dan sentido al trabajo agrícola, mejorar las vías de acceso y caminos rurales para transitar hacia las grandes ciudades, ofrecer mejores oportunidades laborales a los jóvenes para que ellos puedan desempeñarse como trabajadores en el campo fértil de nuestro territorio.

Cada día es un buen momento para comenzar a cambiar nuestro entorno, cuidar los bienes no renovables como son el agua, ya que hoy, es un recurso escaso y necesario para

promover la vida, generar oportunidades de desarrollo y crecimiento para nuestras comunidades,

en especial, las comunidades rurales del campo en Retiro y Parral. Si todos disponemos el mejor

empeño para alcanzar un futuro que puede ser de verdaderas oportunidades de éxito futuro,

estaremos bien encaminados y a tiempo de lograr el avance y el desarrollo en el tiempo por venir.

Cada quien tiene la oportunidad de proponer un futuro lleno de esplendor y éxito para

nuestro territorio sur en el extremo del mundo, somos aptos, gracias a la formación y educación

formal en Escuelas y Liceos para alcanzar el tan anhelado desarrollo y crecimiento de nuestra

sociedad. Miremos como ejemplo a nuestras hermanas abejas y hormigas que dan sentido a la

precaución del futuro incierto.

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