El discurso: Sana comunicación

Quizás, hoy por hoy, la comunicación directa y frontal ha ido perdiendo terreno frente a las redes sociales que ofrece el siglo de la técnica y tecnología, dependemos, crucialmente, de aparatos electrónicos y señales de microondas para vivenciar experiencias de contacto con aquellos que son receptores al otro lado de la línea, olvidamos el discurso de habla,


Extender la mano en una señal de saludo, ofrecer disculpas cuando me equivoco, desear buena suerte, dar gracias a quien me facilita su ayuda y colaboración, todas ellas son muestra de cortesía y sentimientos, plenamente humanos, que procuramos defender en nuestra convivencia social en comunidad. Establecer redes de apoyo en la coexistencia entre seres de la misma especie nos identifica y propone una oportunidad de velar por vínculos sólidos y permanentes entre unos y otros.

Quizás, hoy por hoy, la comunicación directa y frontal ha ido perdiendo terreno frente a las redes sociales que ofrece el siglo de la técnica y tecnología, dependemos, crucialmente, de aparatos electrónicos y señales de microondas para vivenciar experiencias de contacto con aquellos que son receptores al otro lado de la línea, olvidamos el discurso de habla, vivimos conectados y requerimos, cada vez más, de aplicaciones instantáneas para enviar y recibir mensajes de toda índole. Estamos cierto que cualquier medio o forma de discurso puede ser identificado como lenguaje, que es el signo aquel que le da una característica particular a la comunicación de todo tipo; pero hoy, más que nunca, debemos volver a fortalecer la comunicación en vivo y en directo, pues la carga afectiva de un mensaje oral o escrito otorga matices relevantes a la comunicación humana, por lo demás, el medio más eficaz, en el mundo conocido, para comunicar y proponer un mensaje que puede ser respondido instantáneamente.

Aquí, en el sur, aún podemos detenernos en la caminata y dedicar unos minutos para conversar distendidamente con un amigo o conocido, aún, percibimos el agrado del encuentro y la necesidad de enviar múltiples mensajes codificados en el discurso oral o escrito, aún los cuentos de abuelo al final de la tarde son una grata experiencia, el saludo de mi vecino una costumbre, la amabilidad al responder una interrogante una virtud y el aprecio por el otro una sana obligación.

Debemos proponer a niños y jóvenes, buenas costumbres, valores transversales y virtudes fundamentales, retrotraernos al siglo pasado cuando leer era un hábito, escribir una carta un medio fluido de conversación, desear buena ventura un convenio social y el diálogo la mejor manera de resolver conflictos. Resguardemos la primera infancia para que el tiempo por venir sea promisorio, para que este mundo sea habitable y la mejor oportunidad de proyectar la humanidad hacia un futuro estable y de sana convivencia.

En época de vacaciones disponemos de tiempo libre que podemos aprovechar para fortalecer vínculos y comunicación con nuestros semejantes, abandonar la televisión para privilegiar escuchar buena música, dejar el teléfono para hablar frente a frente, suspender el uso del computador, promover mis eventos en una charla amena y distendida y no a través de las redes sociales, es tiempo de crear modos de habla, tanto para decir como para escuchar, dediquemos tiempo al discurso público, es sano y natural, una buena costumbre que debemos recuperar.

Elegí tu voz entre tantas voces, regalé un beso en tu mejilla, desperté a la luna, recibí al padre sol despuntando entre mi cordillera, dejé correr el agua cristalina por ríos esteros y canales, descubrí arpegios en mi guitarra y caminé el huerto florido en busca de paz y esperanza, dormí quieto a la sombra del velador, recuerdo a quienes ya han partido, agradezco el aire y la luz, la noche y el día, tu mano en mi mano y el anhelo de otra vida.

Aún es posible encaminar nuestra sociedad, fortalecer la vida comunitaria, reunir sílabas cargadas de sentimiento para escuchar al otro y que nuestra palabra no hiera ni descalifique, sino más bien, que reúna y convoque en un acuerdo social de respeto.

Tenemos tiempo, sólo hay que dedicar cada empeño en trabajo y mesura para que la muerte, cuando me alcance, me encuentre listo y dispuesto sin tareas pendientes y en buena relación con mis semejantes.

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