El día después de navidad

Siempre, la navidad, ilumina mi espíritu, el nacimiento del Niño de Belén, alcanza una fiesta especial para el mundo cristiano y una fiesta de celebración para aquellos que recuerdan esta fecha como un motivo especial.


Hoy amaneció como todos los días, las aves llenan el espacio con su trinar, el sol despertó muy temprano, los niños juegan en la calle con su mejor regalo, la vida sigue despuntando por todas partes, el cielo parece más azul, el campo verde en huerto generoso invita a cosechar la fruta, uno que otro motor interrumpe la quietud, es navidad, tiempo de amor, paz y esperanza.

Siempre, la navidad, ilumina mi espíritu, el nacimiento del Niño de Belén, alcanza una fiesta especial para el mundo cristiano y una fiesta de celebración para aquellos que recuerdan esta fecha como un motivo especial.

Pero, debemos volver la mirada hacia quienes no tienen acceso a los bienes de consumo, aquellos postergados que no tuvieron una noche buena, pues ni un trozo de pan alcanzó a su mesa, de hecho, ni siquiera mesa forma parte de sus pertenencias, entonces, por qué no ir al encuentro de quienes más lo necesitan, por qué no compartir de aquello que la existencia humana en sociedad me ha regalado, por qué no escuchar el ruego de la madre que anhela un mejor pasar para su prole, por qué no obsequiar una palabra de aliento a quien lo necesita, por qué no permitirse vivir el amor como sentido pleno de nuestra naturaleza, el amor que debe guiar nuestra existencia sobre la tierra.

Ayer, escuché la voz de un hombre sabio, de aquellos que resguardan en su sapiencia la experiencia de la vida y él me decía: Cuando llega la navidad estoy feliz por que todos estamos en una predisposición al encuentro y la armonía, lo que amarga mis pensamientos es saber que hay hermanos nuestros que sufren el desamparo y la marginación, entonces, buscar solución a estos pesares comienza en la solidaridad y
caridad, en estar presente, con nuestro abrazo cariñoso con aquel quien esta desvalido, necesitado, quien vive en el abandono y la soledad. Cuando alcancemos esta dimensión social, podremos decir hemos llegado a la armonía, quietud y calma, una mejor sociedad en la cual disfrutar la vida generosa.

Anoche fue navidad, paz y mayor para todo el mundo, aunque siempre aparecen aquellos desposeídos que requieren una mano amiga que los cobije, un buen deseo, una solución a sus conflictos, una oportunidad en este mundo depredador que no considera a los marginados de la sociedad. Me alegré en las risas de niños que desean jugar, de ellos es esta fiesta, pero quiero mirar a mi alrededor, allí donde la felicidad no ha llegado, donde humildes y marginados aceptan su brutal realidad, donde falta un techo digno que
les resguarde, una cama para descansar en el sueño plácido, una cena para celebrar, pues la fiesta de navidad es para ellos un día igual a otro sufriendo en su necesidad.

Dejaremos transitar esta fiesta, aguardar el año nuevo, pero las carencias de mis hermanos están allí presentes nuevamente, muchos regocijados en celebración y otros muchos abandonados y desposeídos. Por tal, aguardo un tiempo nuevo, aguardo mejores días para todos, este mundo nuestro aspira a la armonía y paz en una sana convivencia, de nosotros depende el cómo y por qué de nuestros actos.

Aprender a escuchar a quienes sufren en la marginación, ir a buscar su rostro y regalar sonrisas y abrazos. No podemos celebrar Noche Buena, si mis hermanos habitan solos y desvalidos. El Niño Jesús vino a predicar el amor y el servicio a nuestro prójimo y al parecer, nosotros hemos olvidado el sentido profundo de la redención del Hijo de Dios, él vino a salvarnos, a proponer una vida plena después de la muerte en el reino de Dios, pero aquí, en la tierra, debemos hacer mérito suficiente para lograr el perdón a nuestras faltas, acumular buenas obras que nos conduzcan a la resurrección, buscar al hermano
desvalido y mitigar su dolor.

Me alegra la sonrisa de los niños que recibieron el presente que anhelaban, pero me preocupan aquellos otros que debieron dormir con hambre sin un mendrugo de pan, aquellos adultos mayores que viven en la soledad de sus últimos años de vida, el encarcelado, el exiliado de su territorio, los desplazados, el que sufre la guerra, la delincuencia y el terrorismo. Si todos en comunión aspiráramos a la paz, esta tierra sería un mejor lugar para habitar.

Amigos, que esta navidad sea un motivo para encontrar destino a nuestros pasos sobre esta tierra, que el espíritu de navidad sea el motor que impulse nuestros actos, que cada quien cumpla con su rol y papel en esta sociedad, que no olvidemos al hermano necesitado, que busquemos los acuerdos, que en cada rincón del planeta, brille la luz del lucero que apareció en Belén, aquella estrella que indica el camino, para que cuando Jesús vuelva en gloria y majestad, podamos enseñar nuestros aciertos y virtudes, una mejor convivencia y el encuentro a la luz divina que nace junto a Jesús en el pesebre pobre y humilde.

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