¿Dónde está el respeto?

La familia, que fue soporte fundamental de la convivencia comunitaria, hoy se encuentre en crisis, pues el valor del respeto se ha olvidado.


Hoy por hoy, en esta sociedad contemporánea del siglo XXI, vertiginosa y convulsionada, plena de información y comunicaciones, presa del capitalismo compulsivo, valores como el respeto han perdido terreno frente a antivalores que desechan y descartan a los más pequeños, a desvalidos, mendigos y huérfanos, asistimos a una era del individualismo y materialismo; por tal, la formación de las nuevas generaciones es fundamental y de vital trascendencia.

El respeto se pierde y desvirtúa en la convivencia humana entre personas, acciones que en un tiempo fueron de uso común y casi práctica obligada, hoy permanecen ancladas en los museos y texto de antaño. La familia se perdió el respeto, ya no se practica la conversación amena y distendida al final del día para evaluar nuestro desempeño, comentar aciertos y errores en nuestra tarea cotidiana, escuchar al otro para replicar, disponer de turnos de habla, honrar padre y madre, abandonar el lenguaje soez y la grosería, ser caritativo ante el que es más necesitado y vulnerable.

La familia, que fue soporte fundamental de la convivencia comunitaria, hoy se encuentre en crisis, pues el valor del respeto se ha olvidado.

La crianza de los hijos ha cambiado de modelo y paradigma, hace falta la madre en casa para regular, ordenar y educar a su prole, contener la ira y validar la felicidad, el encuentro y la sana convivencia. Ser modelo a seguir.

Por tanto, nuestros niños y jóvenes, imitando el actuar de la generación adulta, son más proclive al individualismo, encerrarse en sí mismo, distraerse en el juego de video y escuchar música, sin atender a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Dar preferencia a los adultos mayores en oficinas públicas y privadas, respetar su turno de atención, ceder el asiento cuando viajamos o esperamos en una fila de banco, escuchar las necesidades del adulto mayor, acompañarlos en su soledad de la última etapa de la vida. Oír atentamente sus historias de experiencia acumuladas durante toda una existencia, dar valor a la palabra empeñada, no agredir ni ofender al prójimo, ser modelo de cultura y capital cultural para los otros.

¿Dónde está el respeto? ¿Qué nos ha ocurrido que olvidamos el respeto por el otro? Es sumamente difícil situar el momento y la época en que nos perdimos el respeto, cuáles son los factores que nos llevan a esta realidad y más aún, qué podemos hacer para mejorar tal situación.

Simplemente, poner en práctica una cultura del respeto, no agredir al más débil, promover las buenas costumbres, dar la oportunidad que el otro puede tener la razón, ser flexibles y no dogmáticos en nuestros juicios de valor.

Los medios de comunicación que validan la ruptura del matrimonio, la moda, relaciones humanas desechables, agresiones verbales, descalificaciones, ofensa y desprecio por el otro, han derivado en una pérdida general del respeto entre seres humanos de la misma especie.

Desde el punto de vista, solamente, de la buena convivencia entre seres de la misma especie, creo debo promover la práctica del respeto como una fórmula básica de encuentro y diálogo entre personas. Entonces, convivir armónicamente, depende de mi propuesta cotidiana del respeto en mis relaciones sociales.

Démonos tiempo para recuperar las acciones solidarias de respeto que se practicaron en épocas pretéritas, en el entendido que nuestro medio social y cultural lo requiere. “Para muestra un botón:” La delincuencia en Chile actual ha escalado a niveles preocupantes y ellos son, prioritariamente, jóvenes y niños menores de edad que no manifiestan ningún respeto por los bienes del otro y menos aún con el respeto por su vida, agrediendo, casi sin razón alguna, a personas inocentes que se ven enfrentado a este flagelo nacional.

El respeto se aprende y practica, pues generemos, entonces, instancias de validación de este valor en nuestro sistema educativo y en todas las instituciones públicas y privadas que le compete, de tal modo, el afanoso desarrollo como sociedad tendrá mejores indicadores de éxito.

Respeta y serás respetado, el respeto es señal de educación y cultura, todo ser humano requiere respeto, lo cortés no quita lo valiente.

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