Desordenar la sala de jardines infantiles ayuda a la efectividad educativa de los niños

En la inauguración del año académico de Educación Parvularia de la Universidad Católica del Maule se dio a conocer el sistema MAFA que busca potenciar las relaciones pedagógicas entre los educadores y los más pequeños.


Mejorar la efectividad educativa en las aulas de Educación Parvularia es el objetivo de MAFA – Modelamiento del Ambiente Físico del Aprendizaje- método que fue expuesto por Cynthia Adlerstein, doctora en Ciencias Sociales y académica del Departamento de Teoría y Política Educativa de la Pontificia Universidad Católica; en la clase inaugural de Educación Parvularia de la Universidad Católica del Maule, en Curicó.

El propósito de este sistema es mejorar la calidad educativa mediante el reconocimiento de los ambientes físicos que son didácticos y en los que se empodera a los niños.

“Se trata de convertir a los jardines infantiles en foros sociales donde los niños pueden participar. Estos niños están modelando su sala, ellos están decidiendo cómo organizar su sala de clases. Desde la perspectiva de la profesionalización centrada en el tercer educador, los profesionales estamos llamados a poner a los niños en la comunidad”, explicó la académica.

Tres componentes claves
El sistema MAFA está integrado por tres componentes. El primero, es un set de soportes de madera que reemplazan el mobiliario tradicional, especialmente diseñado para párvulos.

“Lo que más reprime el movimiento y lo que más domina los cuerpos de los niños son los muebles que tenemos en la sala. Por eso los reemplazamos. Diseñamos soportes de madera que reemplazan ese mobiliario que hoy es normativo. Todo se da vuelta, todo se puede ensamblar, todo es liviano y suficientemente resistente para que los niños lo usen de distintas maneras. Todo es reversible. Por ejemplo, un mueble tiene espejo, superficie de pizarra. La idea es que los niños sean protagonistas en decidir y apropiarse del espacio de la sala. Hay un montón de experiencias, hacer hipótesis, decidir, explorar y cómo interpretar la realidad gracias a este nuevo mobiliario”, detalló Adlerstein.

Un segundo componente es un material de modelamiento para que los mismos niños participen diseñando el ambiente de su sala. “Los niños negocian con la educadora cómo van a implementar su sala. La educadora tiene que compartir el poder del modelamiento de su sala con los niños”, sostuvo.

Y el tercer componente una plataforma virtual, que permite la documentación pedagógica e intercambio de experiencias entre equipos técnicos de los jardines infantiles. “Las educadoras comparten las experiencias a través de una aplicación, que tiene una lógica similar al de las redes sociales, es una red profesional cerrada. Documentan lo que los niños hacen y comparten las experiencias. Se forman comunidades pedagógicas, que fortalecen el desarrollo profesional”, destacó la académica.

Con este sistema, que ya fue aprobado como política pública, se busca que los niños compartan en un ambiente físico pedagógicamente flexible, que puedan lograr aprendizajes significativos y, finalmente, que los niños se empoderen al tener una relación más directa con la educadora.

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