Cordillera de Los Andes

El ser humano, depredador por naturaleza, ataca por doquier y fundamentalmente, provoca graves incendios que nos privan del deleite y gozo en excursiones al basto territorio cordillerano.

En Chile, una cordillera majestuosa de sur a norte, novia de blanco que escolta nuestro este de los puntos cardinales, bosque nativo exuberante, minerales preciosos que se regalan a la mano del hombre, una fauna diversa que impresiona al visitante, nuestro cóndor y huemul símbolos nacionales en peligro de extinción.

Durante el tiempo estival, es común visitar la cordillera, entonces debemos cuidar y proteger estas maravillas, pero el ser humano, depredador por naturaleza, ataca por doquier y fundamentalmente, provoca graves incendios que nos privan del deleite y gozo en excursiones al basto territorio cordillerano. Si viajamos hacia la altura del territorio, debemos resguardar nuestro entorno con medidas simples y sencillas: Apagar las fogatas, no lanzar colillas de cigarros encendidas y estar atentos a cualquier acción que pueda significar un incendio que se puede transformar en una inmensa catástrofe.

    Si queremos que nuestros hijos y nietos tengan la oportunidad cierta de disfrutar de los parajes de nuestra cordillera debemos ser cuidadosos y precavidos, responsables y atentos.

    Qué relajante es la siesta a la sombra de un maitén, el baño en aguas termales que fluyen desde las entrañas de la tierra, cómo no valorar el descanso en unas reponedoras vacaciones, compartir en el relajo del descanso, escuchar el viento que resopla entre los árboles majestuosos, decidir la merienda de cada día según el paladar de los comensales.

    Ésta es mi cordillera, los Andes de sur a norte, un espacio que abraza al visitante, construido por la generosa mano de Dios desde hace miles y millones de años empujando al alto cielo la cumbre de los volcanes, aquellos bravíos toros que quieren besar la frente de la luna y pregonar a todo el mundo: Aquí habito, aquí estoy, dueño y señor en las altas cumbres, poderoso en el crisol del fuego que asusta en un tronar impresionante y lava hirviente.

    En la cordillera, allí, más adentro, mucho más, a veces escondidos, a veces visibles, las aves edifican sus nidos y crían sus polluelos, la flor del copihue sorprende en su magnífica arquitectura, el bosque de roble detiene, cual titán, el glaciar monumental que sempiterno, duerme su siesta recostado y somnoliento.

Nieve en las cumbres, nieve que es agua, elemento vital de la vida humana y que se resguarda en la altura, agua para las próximas generaciones y que nosotros debemos proteger, cuidar y resguardar.

Siendo Chile un país de cordillera con bosque nativo, todos y cada quien debemos dedicar atención y desvelo para proteger nuestra cordillera y su naturaleza.

Debemos revalidar nuestra cordillera, descubrir sus secretos ancestrales, estar atentos a sus designios particulares, hacernos parte del territorio y fundamentalmente, ser responsables ante su cuidado, todos quienes visitemos la cordillera recoger las basuras y desperdicios para desecharlos en los lugares de acopio definidos para esta tarea.

Cuanto amo nuestra cordillera, me regocijo en su paz y quietud, me desconecto de la aldea global plagada de comunicaciones y redes digitales, es un tiempo para la reflexión, encontrarse con la naturaleza, disfrutar del paisaje y la inmensidad en territorio abierto, ser parte del encuentro con el reino vegetal y mineral, una despensa de agua para las nuevas generaciones.

Es chile una amalgama de paisaje y naturaleza abierta que debemos cuidar y proteger, cuando el calentamiento global y efecto invernadero se manifiesta con rigor, es el ser humano quien debe hacerse responsable de su cuidado y protección. Hoy, es el día de actuar con decidido empeño para que esta tierra siga siendo nuestro hogar y domicilio conocido.

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