Cómo un aborto determina la vida futura de los padres

Lo que cada uno hace de ello, lo determina otra vez Él mismo, mediante la ley del libre albedrío.

Los futuros padres que han decidido llevar a cabo un aborto, no solamente irrumpen en su propio plan de vida, de lo cual puede resultar para ellos una nueva ramificación kármica para una o más encarnaciones, sino que también impiden que un alma que está conectada a sus cadenas de comunicación pueda cumplir su plan de vida.

De ahí surgirá –sobre todo para los padres que estaban previstos y que abortan- una nueva cadena causal que va a conducirlos, según las circunstancias, a otra encarnación, en la cual estas grabaciones pecaminosas se fusionarán en un punto culminante, formando un complejo de culpas que volverá a ellos como un golpe de destino.

Es decir, el destino de ambos conlleva como efecto lo que han causado en encarnaciones previas.

Sin embargo, antes de que sus grabaciones caigan sobre ellos fortuitamente, la misericordia de Dios les da señales que a su vez naturalmente corresponden al plan de vida que han traído, es decir, que son aspectos de su destino. Lo que cada uno hace de ello, lo determina otra vez Él mismo, mediante la ley del libre albedrío.

Cada día recibimos señales avisadoras que proceden de nuestro plan de vida. No existen las casualidades, sino que todo con lo que nos encontramos, por ejemplo, hacia dónde va nuestra mirada, está en conexión con nuestro plan de vida. De otra manera, no podría sucedernos.

Todo, cada acontecimiento, cada situación que nos irrita, tiene algo que decirnos personalmente.

También, el momento que nos estimula a reflexionar nos permite que según las circunstancias escuchemos esto o lo otro de forma que podamos reconocer de ello algunos aspectos de nuestro plan de vida.

Este impulso de la energía de nuestro día puede actuar también a través del funcionamiento del resto de las funciones de percepción -como oler, degustar, o palpar-, para que podamos reconocer aquellos aspectos que hay por purificar en ese día, es decir, para dar los pasos de aprendizaje antes de que recaiga el destino sobre nosotros.

Como todo lo que nos sucede en nuestro caminar por la vida, los impulsos surgidos de nuestro plan de vida -cada hora, incluso cada minuto-, nos exige vivir conscientemente, para captar estos impulsos, estas energías que nos muestran lo que hemos de cambiar.

Si aprendemos de ello y en adelante nos comportamos tal y como Dios nos lo ha ofrecido en los Diez Mandamientos y Jesús en el Sermón de la Montaña, entonces disolvemos poco a poco el comportamiento erróneo que hemos traído. Con la fuerza de Cristo en nosotros, Éste se va transformando en vida espiritual, en libertad y en amor a Dios y al prójimo. Así habremos conseguido una maestría en nuestro camino terrenal y hemos cumplido nuestro plan de vida.

Nos sucederá sólo lo que está activo en nuestro plan de vida. Sean situaciones, problemas, destino o personas agradables y desagradables. Nosotros mismos y nadie más -y mucho menos Dios- somos los que predestinamos todo. Todo ello no son otra cosa que tareas de aprendizaje que nos hemos dado a nosotros mismos para resolverlas, para seguir el camino hacia nuestro origen, que es divino y que significa ser libre, la libertad misma.

La mayoría de los hombres pasan su vida irreflexiva y despreocupadamente, aunque todos sepan que la vida terrenal es un caminar “por la vida”, pues un día le llega a cada uno la hora de la muerte. Muy pocos reflexionan sobre lo que pasará después de su vida terrenal, en el momento en que han acabado su caminar por la vida y han pasado por el portal de la muerte.

Es indudable que cada cual vive su propia muerte y no la de otro. Así también cada cual vive su propia vida. En esta existencia terrenal experimentamos una parte de lo que en existencia previas hemos grabado, es decir, sembrado, y no hemos purificado.

Nuestro plan personal de vida está formado por partes del pro y contra de nuestras vidas anteriores, está registrado en los astros del cosmos material y en los del cosmos de materia sutil de los planos de purificación; por lo tanto, no está relacionado únicamente con los planetas de nuestro sistema solar.

Raramente nos planteamos la pregunta: ¿por qué el fin de mi vida transcurrirá de forma diferente al de todas las demás personas? Más de uno dirá: “muerto es muerto”. Pero, ¿por qué la muerte tiene diferentes señales para cada hombre? ¿Quién puede afirmar que la muerte es la muerte, el final? Ninguno de nosotros puede demostrar que la muerte es el final de la vida, ni tampoco nadie puede probar que cada uno de los muchos miles de millones de hombres antes de morir tienen pensamientos diferentes.

No obstante, cada uno puede experimentar que la vida terrenal de cada ser humano transcurre de manera diferente, ya que en la Tierra no hay dos personas cuyos sentimientos, sensaciones, pensamientos, palabras y actos coincidan completamente. Una respuesta superficial podría ser: somos individuos que hemos sido marcados por las aptitudes y por la educación. Los individuos tienen precisamente sus costumbres y modos de vida individuales y específicos.

Además, cada uno tiene su masa hereditaria anclada en los genes, que se activa en un momento no previsible que el hombre tampoco puede determinar.

A %d blogueros les gusta esto: