Chile territorio extenso, sin límite

Después del feroz aguacero, viene el padre sol a calentar la tierra y ofrecer su energía renovadora para dar vida por doquier y en cualquier lugar.

La semilla debe morir para que germine una nueva planta que florezca en otra semilla y de tal modo, en un ciclo de vida permanente y constante; entonces, nosotros debemos cultivar la tierra, sembrar para luego cosechar la cimiente de un nuevo ser, todos somos parte de un proceso sin fin que nos conduce por esta existencia terrenal aguardando la posibilidad cierta de la inmortalidad más allá de este planeta al que llamamos tierra.

Es verano en este lado del mundo, tiempo de cosecha, de frutas y verduras, de granos que repletan el establo, de esperanza en un mundo mejor después del trabajo constante del hombre que libera a la tierra de su estado germinal para encontrarse en equilibrio y armonía, en crédito de un mejor porvenir y la ilusión de una sociedad en equilibrio meridiano que responde a las grandes necesidades del mundo contemporáneo en evolución. Después del feroz aguacero, viene el padre sol a calentar la tierra y ofrecer su energía renovadora para dar vida por doquier y en cualquier lugar. Demos lo mejor de sí para construir con paciencia infinita una mejor sociedad y comunión de hermanos terrestres en tránsito a otra existencia.

Despedimos una década que estuvo marcada por acontecimientos de impacto social: Un terremoto que colapsó la zona central de nuestro país y concluimos con la crisis social que despide el 2019. Debemos estar alertas y atentos a los acontecimientos del porvenir, no podemos dimensionar los efectos eficaces del movimiento social, el mundo ha cambiado y debemos transitar por derroteros desconocidos pero que anuncien paz y equilibrio, vendrá un nuevo tiempo, aguardaremos la libertad de elegir el mejor camino para nuestra patria, estaremos dispuestos a conciliar los puntos de vista y ponernos de acuerdo, la opinión de cada quien tiene valor meridiano y por tal, debemos aunar esfuerzos para encontrar el diálogo en equilibrio.

Quizá, hemos errado el sendero. No representamos las opiniones de los más débiles y marginados de la sociedad, les hemos negado el pan, el techo y abrigo, les olvidamos en la estadística numeral de número incierto allí donde no importa el nombre ni apellido, sino uno más en la sumatoria de tantos. Debemos volver el rostro hacia las poblaciones más humildes de la patria, atender a niños y jóvenes que se esconden en la droga y el alcohol, educar en el ejemplo de la virtud y trascendencia, somos una especie única en este lado del universo y por tal, demostrar compasión y comunión con el más necesitado es perentorio y urgente.

Si logras poner atención en el caminante vagabundo, si puedes consolar al que sufre, si el sol no se apaga cuando aparece la noche, si la cordillera guarda unos copos de nieve, si el océano baña los deseos de la humanidad para construir senderos sobre la olas, de seguro podremos armar un palacio que acoja a todos sin distinción, hombre y mujeres libres en un territorio inmenso que habita al sur del planeta, tan al sur como nuestra mente nos permita mirar y conciliar.

La vida no se apaga, seguiremos habitando este planeta, estaremos atentos al mensaje luminoso del Padre Dios para quienes somos cristianos o aquella fuerza motriz del todo que gobierna el universo. Recibe la bendición para ti y tu familia, escucha el rumor de las aves al clarear la mañana, agradece los rayos de sol y el pan a la mesa, la amistad sincera de aquel que es tu prójimo cercano, siempre es posible una mejor convivencia y un mejor acuerdo social. Todos, sin exclusión, formamos este territorio llamado Chile al fin del límite austral donde la nieve es agua que se congela para un tiempo futuro cuando nos sea necesaria.

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