Aquello que prefiero en este mundo

De todas las cosas que prefiero dejaré registro, así cuando la muerte me ampare y mis pasos desciendan al abismo, podré recordar este tiempo, cuál fue mi sendero, el rumbo preciso, el norte de mis años y la historia que he escrito.


Prefiero una cultura inclusiva en la sociedad contemporánea, aceptar a mis semejantes con acierto y error, pues todo ser humano es una diversidad, un ser único y exclusivo, dotado de virtudes con una personalidad individual que habita este mundo para ser parte constitutiva de la sociedad, quien transita hacia la perfección desde las limitaciones que la naturaleza nos otorga a cada quien dependiendo de factores sociales indeterminados, del lugar en el cual nacemos, del nivel social y económico de mi familia, de las oportunidades e educación, de acceso a los medios técnicos y tecnológicos, entre muchos otros.

Prefiero el amor como conducta prioritaria de mi relación con el otro, aceptar las limitaciones de quien es necesitado, de aquel quien debe atender cada día sus necesidades básicas de alimento, techo e igualdad de oportunidades, de aquel quien desconoce las oportunidades que tendrá en el futuro inmediato, a quien se le niega el derecho a un trabajo digno y una remuneración justa por sus servicios; sólo el amor permite promover la justicia, verdad y equidad en el trato de todos, el amor es entrega absoluta limitando mis propias necesidades ante las carencias de mis semejantes, el amor permite disfrutar de la luz ante cada amanecer o descansar en plenitud durante el sueño para reponer fuerzas y empezar de nuevo cada día.

Prefiero la honestidad, aunque a veces, el reconocimiento de una verdad, perjudique mis intereses personales. La mentira nos conduce al abismo, ser sincero abre las puertas del paraíso. Cada día requiere un nuevo afán, cada día nos invita a privilegiar la verdad como dogma de vida, a escuchar mis propios desvelos y conciliar mis anhelos con las necesidades de mis semejantes.

Prefiero la libertad. Poder exponer mis puntos de vista sin la censura de la sociedad y así mismo, escuchar la opinión ajena como declaración válida y oportuna. Todo ser humano tiene derecho a la libertad de credo, pensamiento político o definición de una personalidad.

Prefiero la sonrisa de un niño o el sabio consejo de un adulto mayor, ellos obsequian quietud y calma, están atentos al compromiso de escuchar y donar un océano de respuestas.

Prefiero las nubes juguetonas de otoño al aguacero embravecido de invierno, un arco iris en mil colores que negro absoluto de la oscuridad, pues la aldea global procura jugar a ser cada día un universo pleno de colores y múltiples opciones para el hombre que vive y transita por esta tierra en busca de la felicidad como objetivo fundamental.

Prefiero dormir de cara a las estrellas, quizás ellas me marquen un destino, esperar la voz de los ángeles cuando cuidan mi existencia y arropan mi cobija, escuchar el rumor de la noche en el campo extenso a la locura de la gran ciudad y el rugir de motores.

Prefiero la palabra exacta, el verbo justo, la melodía de una tonada y el aroma a pan fresco, prefiero la llovizna de mañana a una orilla de la playa, caminar descalzo sobre la arena, escuchar el graznido de las gaviotas persiguiendo un bocado cuando los pescadores regresan de la mar con su pesca generosa.

Prefiero la primavera florida y el sol que apenas calienta cuando la tarde se queda dormida, el viento sur, juguetón y travieso, mi cordillera desnuda de blanco profundo, el vuelo del cóndor entre los acantilados, las travesuras del pudú y el paso cansino de los pingüinos, prefiero tu nombre escrito en el cielo, tu cabellera despeinada y ese verde profundo de tus ojos. Prefiero un beso nocturno y el amanecer en una oración.

Prefiero a mi madre entre todas las madres del mundo, a mis hijos, a mis hermanos, al caminante y al vagabundo

Prefiero la cazuela de pava y el asado de cordero, los porotos granados y el pastel de choclo, el café tibio y el pan amasado.

Prefiero la paz a la guerra, la esperanza y el buen tino, la luz a la oscuridad, un río serpenteante entre los cerros, cada copo de nieve que regala el invierno, un viaje al infinito más allá del espacio, un domingo de siesta y un lunes sin compromiso.

De todas las cosas que prefiero dejaré registro, así cuando la muerte me ampare y mis pasos desciendan al abismo, podré recordar este tiempo, cuál fue mi sendero, el rumbo preciso, el norte de mis años y la historia que he escrito. Entonces, guardaré secretos preciosos después del silencio, daré de mi confianza explicación y argumento, esperaré sentado a la diestra del camino sólo amistad y compromiso con el marginado y el mendigo.

Este tiempo nació hace un segundo, si es que la luz viaja tan rápido como nos han dicho y el universo se contrae en un minúsculo grano de mostaza.

ven y sígueme, esta canción recién comienza y algún día, visitaremos las puertas del Olimpo.

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