A los recién nacidos en este planeta luminoso

Cada recién nacido atraca sobre el planeta para continuar la senda de miles de años que conforma nuestra historia, somos pieza y eslabón de futuro, seres dotados de habilidades que pronto serán descubiertas para mejor beneficio de sí mismos y para bienestar de la comunidad en la cual convivimos.


Hoy, la felicidad me embarga, soy abuelo de una princesita que comienza a iluminar mi vida, Emma Agustina, bienvenida a este mundo. Deberás ser fuerte para luchar contra la adversidad que te proponga la existencia y por sobre todo, ser una prolongación del amor para quienes te recibe en anhelo y emoción. La vida humana es un misterio, desconocemos sus diversos secretos, pero tenemos conciencia de estar vivos y que la humanidad continúa su viaje por el universo desde un punto pequeñísimo en la inmensidad del todo con la certeza de continuar poblando la tierra.

Siempre que un nuevo ser llega a este planeta, nos emociona su fragilidad, admiramos su pequeñez, disfrutamos de cada detalle, elucubramos con el futuro que le depare la existencia y por sobre todo, tratamos de atender a todas sus necesidades básicas, cultivamos un tesoro que con el tiempo dará luz a esta sociedad que transita por caminos escabrosos y en dificultad. El primer llanto se graba en nuestra memoria, disfrutamos de la mirada inquisidora del recién nacido, celebramos cada movimiento y deseamos éxito en el futuro por venir.

Entonces, cada nacimiento es una bendición, cada recién nacido atraca sobre el planeta para continuar la senda de miles de años que conforma nuestra historia, somos pieza y eslabón de futuro, seres dotados de habilidades que pronto serán descubiertas para mejor beneficio de sí mismos y para bienestar de la comunidad en la cual convivimos.

Entonces, la generación adulta debe proveer las mejores condiciones para atender a los infantes, ofrecer comida y abrigo, enseñar las primeras palabras, sostener para comenzar a andar, regalar el obsequio de la palabra escrita y tanta, tanta información y conocimiento que les permita conducirse en la convivencia en sociedad.

Hoy, habitamos un planeta especial, asistimos a múltiples amenazas, la contaminación ambiental, el sobrecalentamiento global en una aldea que reclama con fuerza: Cuidado, soy un planeta delicado, con un equilibrio frágil que en cualquier momento puede colapsar; por tal, cuál será la herencia que dejaremos a las futuras generaciones…

Durante esta época, es difícil prevenir el futuro, anticiparnos a los acontecimientos de los próximos siglos y milenios, si es que se nos da la oportunidad de vida en el próximo tiempo y por lo mismo, resguardar esta casa cobra crucial valor, nuestra herencia debe ser un planeta sano y una sociedad guiada por el amor y el encuentro entre seres de una misma condición, pasajeros de un planeta errante quienes viajamos hacia otra dimensión más allá de las estrellas para encontrarnos en un paraíso y vergel que está preparado para nosotros sin las grandes dificultades del mundo moderno, donde la armonía y la paz son
un estandarte; por lo cual, recibir a los pequeños infantes que serán la generación del mañana es una tarea incuestionable, educar en el afecto, cariño y comprensión debe ser un compromiso inquebrantable, cuidar, proteger y guiar es una obligación sublime, heredar una sana convivencia, adecuada en valores trascendentes y buena conducta, se nos convierte en norma y designio supremo.

Desear felicidad a quienes son padres, pero recordar que ser padres significa acompañar, bajo toda circunstancia, a los más pequeños, transmitir el conocimiento y la experiencia que permitan enfrentar las dificultades en nuestro mundo, ofrecer respuesta ante la duda en la infinita cantidad de posibilidad que se abren cuando cuestionamos el medio en que habitamos.

Proponer, en el buen ejemplo, es una necesidad para que las nuevas generaciones aprendan a resolver adecuadamente los conflictos y problemas, para que construyan un mundo mejor en comunión con el otro.

Demos la bienvenida a todos aquellos que recién llegan a poblar esta tierra, ellos son el futuro y fin último de cada afán, todo esfuerzo y sacrificio se ve reflejado en la enseñanza y acompañamiento a los infantes que pueblan la aldea global.

Regalemos cariño y amor a niños y niñas recién nacidos, en ellos depositamos nuestro esperanza de paz y amor para el nuevo tiempo de este siglo XXI que nos aguarda para bien de todos y cada uno de los habitantes de planeta tierra, quienes esperamos ventura y armonía para nuestra especie y todo ser de la creación.

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