Un planeta en paz para todos

Modestamente, creo validar el concepto de concordia, paz y armonía; defender la vida ante cualquier otra justificación…


Las rosas ya abotonaron su primera flor, el aire asume olor a templado, trinan los ecos de las aves a lo lejos, nuestra cordillera luce imponente hacia el oriente, la luna deslumbra al caer la noche y las palabras navegan cada rincón de la tierra. Todo parece magia en un cuento de hadas, el paraíso está desplegado ante nuestros ojos, pero la humanidad viaja por senderos escabrosos y desconocidos: La guerra, la muerte y el genocidio habitan sobre la faz de este mundo, parece imposible ponernos de acuerdo, mitigar el dolor de los más pobres y humildes, la violencia es una cizaña que ataca sin piedad, la mano asesina dispara sin precaución, atenta contra inocentes que ven cegada su existencia por ansias de poder, lucro, delincuencia, narcotráfico, terrorismo y violencia. Pareciera que heredaremos a las nuevas generaciones una sociedad sin ley ni razón, donde importan los beneficios personales antes que el bien común.

Modestamente, creo validar el concepto de concordia, paz y armonía; defender la vida ante cualquier otra justificación, todos tenemos derecho al encuentro armónico con el otro a disfrutar de un techo que nos cobije, al merecido alimento diario, a la educación, salud y seguridad, a una digna jubilación y que sea como indica su etimología: El júbilo al concluir una vida laboral extensa. Que se nos respete por nuestra condición humana, digna, de valor y trascendencia.

Entonces, cuál es nuestra tarea cotidiana, hacia dónde encaminamos nuestro destino como seres racionales, habitantes dotados de intelecto que nos permite transitar por sobre el resto de las especies del reino animal, aquellos que creamos, transformamos la tierra y poblamos el planeta guiados por una mano sublime que habita más allá de esta dimensión.

De seguro se nos vendrá la muerte, de seguro, cada quien dejará su propio legado, pero debemos generar las condiciones que permitan, a todos sin distinción, aprovechar los beneficios del posible desarrollo y evolución social post modernidad. Estamos aquí, seres superiores, evolución desde antaño, cuando habitamos las cuevas que nos ofrecieron el primer refugio, después de descubrir el fuego y la rueda articulando una técnica y tecnología que invade el hogar y la convivencia social, dueños del planeta, terrícolas en tránsito hacia otra existencia.

Ofrezcamos nuevas vías de desarrollo y crecimiento sustentable, resguardemos el medio ambiente y la naturaleza, respetemos a todas las especies que cohabitan este planeta, demos surco abierto a la educación para todos sin restricciones ni condición, protejamos a nuestros adultos mayores, validemos la salud como derecho y beneficio de todos, persigamos sin tregua a la delincuencia y el terrorismo, extendamos un arcoiris de valores trascendentes que iluminen nuestro actuar, abandonemos la descalificación y la ofensa sin sentido, demos lustre a nuestras mejores ideas innovadoras, estamos aquí para dejar un legado y postulado digno. Asistimos a una oportunidad única y exclusiva: Somos la generación de este siglo XXI, las puertas y ventanas de una nueva época que debiera alcanzar la comunión y el encuentro entre seres de la misma especie.

Por tal, cuando la muerte asecha en cada rincón del planeta, cuando el genocidio se hace carne, cuando el poder del dinero nubla la visión, es tiempo de ofrecer soluciones reales y concretas ante la desigualdad, la miseria y la pobreza, es tiempo de guardar las armas y tejer acuerdos para que los más necesitados disfruten de una merecida existencia digna y aquellos envueltos en guerra fratricida tengan descanso en una tregua.

Cuánto amo la tierra, cuánto amo el agua, el aire y la luz, cuánto amo a mi prójimo, cuánto amo la paz. Vendrán otros a luchar por el valor de la educación, vendrá el hombre a saberse dueño del planeta, a entregar su trabajo de cada día, vendrá el paraíso de Dios en esplendor y majestad, vendrá la justicia, vendrá el amor

Mañana, cuando el agua no surque los ríos, cuando las ciudades estén destruidas por bombardeos sin distinción, cuando se apaguen las luces, cuando no tengamos un mendrugo de pan, entonces nos daremos cuenta de nuestra propia extinción y quizá ya sea demasiado tarde, quizá no habrá retorno ni solución.

Dediquemos nuestro esfuerzo para educar a las nuevas generaciones, cuidemos la memoria de nuestros adultos mayores, ellos acumulan la experiencia de quien vivió toda una vida. Dejemos que los niños jueguen por doquier para que su risa contagie la esperanza.

Ahora muere el sol en esta parte del planeta, la tierra continua su tránsito invariable por el sistema, la cálida noche nos acurruca, mañana será una nueva oportunidad, mañana las rosas volverán a adornar nuestro jardín y quizá la vida será un nueva oportunidad para todos.

No dejemos triunfar a la violencia, no permitamos que la muerte abunde por doquier, compartamos de nuestra merienda un pedazo, siempre hay alguien necesitado a nuestro lado.

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