El resguardo de nuestro mundo: Tarea de todos

Si queremos que nuestros hijos y nietos dispongan de un planeta, casa y habitáculo de nuestra especie, hoy debemos hacer algo.


El hombre, dominador del mundo conocido en el tiempo moderno, interviene sin descanso el espacio animal, vegetal y mineral, propone teorías que significan avance tecnológico y científico, pero que también agrede el medio ambiente sin misericordia. Cuanto nos gustaría defender las especies en peligro de extinción, resguardar el bosque nativo, proteger las especies vegetales, aquellas que nos permiten disfrutar del oxígeno, elemento fundamental de la vida humana.

Las grandes ciudades le han mermado el espacio a la tierra, hemos instalado monstruosas infraestructuras que ofrecen producción en masa, pero le permitimos, a la construcción, una invasión depredadora sobre los recursos naturales. El agua de los ríos va cargada de residuos tóxicos y elementos que no la hacen sana y natural, el aire se carga de metales pesados que nosotros mismo lanzamos a la atmósfera, invadimos territorios, que algún día fueron vírgenes y hoy están intervenidos por la mano del hombre.

Esta humanidad debe volver sus ojos al cuidado irrestricto de nuestro medio natural y social, todos podemos colaborar, aunque sea con pequeños gestos y acciones, todo sirve para construir un mundo más habitable. Si queremos que nuestros hijos y nietos dispongan de un planeta, casa y habitáculo de nuestra especie, hoy debemos hacer algo.

Proponernos usar energía limpia como aquella solar, eólica, fuerza de las mareas, entre tantas otras, proteger las especies naturales, evitar el efecto invernadero, purificar el agua, disfrutar de aire puro y transparente, sembrar la tierra para obtener los frutos frescos que regala la madre tierra.

Todos debemos asumir la tarea de resguardar a esta nave viajera que nos conduce a través de la galaxia para encontrar el equilibrio perfecto en el mundo futuro.

Educar, a nuestros niños y jóvenes, en la tarea de ser responsables por todo aquello que agrede a nuestro mundo, aprender a normar las conductas equivocadas, promover una vida sana y saludable. Es obra de todos lo que le pase al planeta.

Cuando fuimos niños, podíamos ir por el campo disfrutando de el agua pura de esteros y canales, comer las frutas fresca del mismo árbol que le otorgó la vida, recoger las flores del jardín al alcance de la mano, jugar entre árboles y caídas de agua, correr a velocidad por los senderos del campo, huir del ruido y la maraña de la ciudad, entonces fuimos felices en el espacio natural, sin la premura de los elementos tecnológicos que hoy invaden las vidas de quienes serán la próxima generación.

Aprendamos de la experiencia de nuestros mayores, aquí el mundo rural tenía sus propios códigos y el hombre, respuesta a los conflictos y dificultades.

Las autoridades que elegiremos en los próximos días deberán pronunciarse sobre los temas que hoy afectan a nuestro medio ambiente, generar políticas de cuidado y resguardo del medio natural y social, ser garantes del cuidado de nuestro medio, proponer legislación que atienda a las necesidades imperiosas de este mundo, velar por el respeto del hombre natural y las corporaciones privadas y del estado por este mundo que, hoy, nos requiere urgentemente. Así mismo la escuela debe proponer un currículum que de cuenta de estos problemas y conflictos a que nos enfrentamos en el mundo moderno, enseñar con el ejemplo, ser un espacio donde se practiquen los cuidados del planeta, atender a sus imperiosas obligaciones y formar una nueva generación amante del equilibrio natural entre los actos del hombre y la evolución del planeta hacia un estado de armonía y paz.

Hemos conquistado cada rincón de este planeta, diseñamos redes de comunicación por todas partes, modificado el hábitat de cientos y miles de especies, sembrado la tierra para generar el alimento para comunidades cada vez más prolíficas, usado el agua como elemento inagotable, aunque sabemos que es un bien escaso y no renovable. Hemos talado los bosques, hemos desparramado nuestros desechos por todas partes, reciclar no es una política global, producir bienes y servicio siempre tiene un carácter invasor y depredador.

Entonces, algo habrá que hacer, no podemos continuar en este proceso de quiebre con nuestro medio, debemos hacer carne la enseñanza cristiana que nos invita a cuidar toda especie para alcanzar un paraíso natural en esta tierra, aún estamos a tiempo, cada vez somos más quienes apuestan por un mundo sano y en equilibrio.

Sólo el amor por nuestro planeta, nos regalará un hogar para que habiten todos los seres humanos y que los bienes y servicios alcancen para todos.

Pequeñas acciones individuales generan resultados planetarios, nuestros niños y jóvenes moldearán resultados efectivos y eficaces. Este mundo es un paraíso dado en gracia para todos y cada uno de los seres humanos que habitamos la tierra.

Deja un comentario